13/1/16

INFORMACION KOSHER

La Dieta Kosher

(CONTRIBUIDO)

Si eres de esas personas que difícilmente lee la parte de atrás de sus víveres es muy probable que sin proponerlo ni saberlo hayas consumido algo kosher. Estos alimentos son más comunes de lo que pensamos, se encuentran en mercados y comercios, en muchos vuelos de diversas aerolíneas, e incluso en alguna que otra famosa franquicia de hamburguesas. Si alguna vez en tu compra te has topado con alguna curiosa K y te preguntas adónde va todo esto, sigue leyendo

A pesar de que cientos y miles de personas inadvertidamente hayan pasado años consumiendo este tipo de productos, la mayoría desconoce el verdadero significado de este régimen. Precisamente, este aparente desconocimiento y despreocupación por lo que ingerimos es opuesto al precepto, el cual no se refiere a un grupo de comestibles en particular, contrario a lo que muchos creen, sino más bien a un sistema de revisión. Kosher, viene del hebreo y significa “correcto” o “apto”, este término de origen viddish se usa para denominar a todo aquello que cumple con las leyes del Cashrut, un sistema de reglamentos dietéticos basado en el Levítico, el cual según la tradición judía determina lo que los practicantes pueden, o no, llevarse a la boca. Estas leyes forman parte de la religión desde hace muchos siglos y básicamente determinan con excesiva precisión los bocados permitidos por considerarse limpios y cuáles simplemente no alcanzan los mínimos de purificación.
Por tanto, se considera kosher todo aquello que está acorde con las ordenanzas dietéticas del judaísmo. Así, el sustento se agrupa en tres categorías, lácteos, cárnicos y neutros. En cuanto a los cárnicos, La Torá permite el consumo de animales cuadrúpedos, sólo si son rumiantes y de pezuña hendida –ambas obligatoriamente–, los animales que cumplen con esta condición son: el buey, la vaca, el becerro, el carnero, la oveja, la cabra, el macho cabrío y el cabrito, entro otros no domésticos; en cambio, el cerdo, la liebre, el tejón, el camello y algunos otros, son considerados impuros y cosa repugnante, por ende no podrán comerse ni tocarse sus cadáveres o restos. En cuanto a aves, la cuestión está más difusa y ante la duda, siempre hay que abstenerse. Sólo se permiten: gallina, pollo, pato doméstico, paloma común, ganso, codorniz y recientemente pavo, contra una veintena de aves consideradas impías. Del mar, es bueno todo lo que tenga aletas y/o escamas, tanto de mar como de río. Descartando por completo moluscos, calamares, cangrejos, camarones, ostras y semejantes.
La restricción no sólo se aplica a la especie, también existen lineamientos que determinan cómo debe sacrificarse el animal para poder consumirse. Por ejemplo, aquellos que han muerto por causas naturales deben descartarse, el animal debe estar perfectamente sano y debe hacérsele el menor daño posible a través del ritual de matanza o shejitá, efectuado por el shojet, el cual consiste en degollar con un corte profundo realizado con un cuchillo perfectamente afilado. Otras especificaciones se refieren al procesamiento posterior de los alimentos, como el salar la carne para eliminar de ella todo rastro de sangre.
En cuanto a los lácteos y derivados, se aplica algo similar a la ley del vientre judío: solamente lo que viene de un animal kosher es kosher; lo que viene de un animal no kosher, pues no lo es. Una norma muy particular es la que prohibe que los cárnicos y los lácteos coincidan en una misma comida, puesto que no cocinarás al cabrito en la leche de su madre. Debes esperar un mínimo de seis horas para tomar leche o similar luego de haber probado carne y viceversa, así que no queda lugar para antojos. Aunado a esto también deben separarse definitivamente los cubiertos y utensilios para la preparación y degustación de ambos grupos. Los huevos por su parte deben rechazarse si tienen alguna gota de sangre por imperceptible que sea.
En cuanto a frutos, verduras, vegetales y hortalizas hay carta blanca relativamente. Estos vendrían a formar parte del conjunto de los neutros y pueden combinarse con los dos anteriores. La única limitante es que no debemos comerlos si tienen algún rastro del paso de un animalito, deben lavarse muy bien pues todo bicho que se arrastre sobre la tierra o todo insecto alado que ande sobre cuatro patas es repugnante. Las bebidas por un lado son permitidas, pero todos los vinos, jugos de uva y bebidas alcohólicas que contengan productos de la vid deben portar un certificado rabínico de Cashrut que sea confiable.

Además de cuidar cada etapa de la producción, existe un punto fundamental: los animales son sacrificados de la manera más humana posible. Al prevenir el shock y provocando el menor dolor, el animal libera menos toxinas en la sangre. En el caso del pollo, por ejemplo, se sumergen en agua helada durante 30 minutos, luego se los sala para quitarles la sangre y se los lava tres veces para quitarles la sal. Como el pollo contaminado es la causa de muchas de las intoxicaciones, este proceso podría reducir muchos riesgos.

Mente y cuerpo sano

Este sistema de evaluación no fue pensado para cuidar del cuerpo, sino más bien del alma. Pero más allá de la creencia de la energía divina que aporta, existen grandes beneficios tangibles para este nuestro templo. Por ejemplo eliminar todo rastro sanguíneo de nuestra dieta asiste al desarrollo de la inmunidad para muchas enfermedades; el cerdo por ser un transmisor de enfermedades resulta conveniente eliminarlo; las grasas prohibidas, especialmente las cercanas a los órganos prohibidos como vísceras e intestinos también son fuente de microbios; la ordenanza de separar los dos principales grupos nutricionales ayuda a una mejor digestión y el ritual de matanza es el mejor control sanitario en la ganadería.

Apto para gentiles

Cualquier persona no judía puede sumarse al precepto, siempre y cuando no lo haga pretendiendo que se sigue un mandato de Dios. En países como Estados Unidos los consumidores de productos kosher supera en porcentaje a la población judía, esto indica que la inclinación por esta dieta, para muchos, poco tiene que ver con la fe, y más con el control de calidad implícito. Es prácticamente un sello fiable que garantiza que lo que se está comprando ha sido minuciosamente vigilado y controlado para cumplir con altos estándares (se necesita conocer cada ingrediente hasta la tercera generación de proveedores, saber quién lo procesó, cómo lo hizo y qué materias primas se utilizaron). Son alimentos que se distinguen por el esmero y cuidado en su elaboración, siendo sinónimo de salubridad, también porque contienen menos conservantes, resultando mucho más orgánicos.

Un estilo de vida

Guardando las distancias con otros regímenes que conoces, éste poco tiene que ver. Aquí no se cuentan calorías, ni se pesan porciones, tampoco te exige comer determinada cantidad de veces al día. Ser kosher se relaciona con tomar las decisiones correctas y entender que todo lo que entra por la boca luego pasará a formar parte de nosotros. Son reglas, aunque complejas, bastante coherentes y que estimulan un estilo de vida sano, aunque inicialmente no fueron pensadas para ello.

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