"LA
ESENCIA עיקר DE LA TORÁ"
Los valores de las personas determinan definitivamente lo que es placentero y
gozoso para ellas. Sin embargo, para quien abraza una vida de Torá, los valores
deben ser los de la Ley.
¿Qué son los valores de Torá?
La Tzedaká/Justicia es
aquella que la Torá interpreta como tal. Lo mismo ocurre con la Compasión. Las
ideas de Justicia y Compasión que no son de la Torá han desempeñado un papel
importante en la decadencia moral tan predominante en la civilización moderna.
Por ejemplo:
LA FORTALEZA es el dominio de las tentaciones de una persona y no la posesión de poder para dominar a los demás.
LA SABIDURÍA es la predisposición para aprender de otros, antes que la suma de conocimientos que uno ha adquirido.
LA RIQUEZA es la capacidad de estar satisfecho con lo que uno tiene y no la acumulación de bienes.
HONRAR es
respetar y admirar a los demás, y no ser el receptor de aclamaciones.
Las personas que tienen una autoimagen desvalorizada pueden hacer intentos
desesperados para sentirse meritorias. En sus esfuerzos por lograrlo, pueden
aferrarse a mecanismos y maniobras que parecen resultarles efectivos. Lejos de
ayudar a alcanzar este propósito, esos métodos resultan, generalmente,
autofrustantes, y a menudo producen depresión en lugar de elevar la autoestima.
Lo contrario también es verdadero: los factores que aumentan la autoestima son
también autor reforzadores y pueden elevar a la persona a grandes alturas
espirituales.
¿Qué es la Fortaleza?
La opinión popular considera que la fortaleza es el poder de controlar y
dominar a otros. Ya hemos visto, sin embargo, que el impulso por dominar es a
menudo sólo una defensa contra los sentimientos personales de debilidad. La
persona que tiene necesidad de ser superior a las demás raramente está
satisfecha de su poder, razón por la cual procura hacerlo cada vez más
absoluto. Está también constantemente ansiosa ante la posibilidad de ser
depuesta y perder su posición de poder. Esta permanente insatisfacción y
ansiedad reducen la autoestima, poniendo en marcha un ciclo vicioso cuyo
resultado final es la megalomanía (trastorno psicológico por pensamientos de
superioridad, omnipotencia y sobre valoración propia).
La gente que se siente competente no necesita posiciones de poder o
superioridad. En realidad, muchos de los verdaderos grandes líderes del mundo
se resistieron, invariablemente, a ocupar posiciones de liderazgo y tuvieron
que ser obligados a aceptarlas. La señal de la fortaleza y la autoestima
saludables es el domino de uno mismo, no el de los demás.
¿ Que es la Sabiduría?
La Torá enseña que el hombre verdaderamente sabio se caracteriza no por la
cantidad de conocimientos que pueda alcanzar, sino por su disposición a
aprender todo lo posible de los demás Y PONERLO POR PRACTICA.
No es necesario decir que nadie está libre de imperfecciones y que aunque la
perfección no esté al alcance de las posibilidades humanas podemos, no
obstante, hacer mucho para mejorar nuestras deficiencias.
La acción correctivo sólo puede emprenderse cuando la necesidad de hacerlo es
evidente. De ahí que una persona deba ser consciente de aquellas de sus fallas
que requieren corrección. Su atención hacia tales faltas puede ser llamada por
los comentarios de la gente de su medio. Una persona con autoestima baja tiende
a sentirse tan amenazada por la conciencia de cualquier defecto personal, que
bloquea efectivamente la crítica constructiva. Puede rodearse de personas
serviles o amigos que le dicen sólo lo que quiere oír.
Nunca será suficientemente enfatizada la importancia de aceptar la crítica
constructiva.
El libro de
Mishlé (Proverbios) abunda en el tema: "No reprendas al escarnecedor, para
que no te aborrezca; corrige al sabio y te amará" (9: 8). "Corrige al
entendido y acrecentará ciencia" (19: 25). "El que ama la corrección
ama la sabiduría; más el que aborrece la reprensión es estúpido" (12: l)
¿Que es la Riqueza?
Es ampliamente aceptada la idea de que la riqueza se mide por la cantidad de
bienes materiales que uno ha acumulado. Es difícil desprenderse de los valores
culturales rotundamente enraizados y universalmente aceptados. Una reflexión
nueva y desprejuiciada indicará, empero que el valor de la Torá es correcto. La
riqueza no tiene nada que ver con cuánto uno posee, sino con la capacidad para
disfrutar de cualquier cosa que uno tenga.
Cuando hablamos en general de la búsqueda de riqueza, no nos estamos refiriendo
a los esfuerzos invertidos para obtener los artículos de primera necesidad o
incluso algunos de los otros placeres de la vida, y tampoco a las reservas
acumuladas para una época de necesidad. Difícilmente alguien considere estas
posesiones como riqueza. En el concepto generalizado, la riqueza, según el
mundo, es la posesión de bienes materiales que superan las necesidades
inmediatas y futuras. Es cuando la gente acumula más de lo que puede utilizar
que se la considera rica.
La insensatez de acumular una riqueza que excede nuestras necesidades es bien
tratada en la Torá.
El dinero es un medio para adquirir mercaderías o servicios que satisfagan
nuestras necesidades. Cuando una persona continúa acumulando dinero o
mercaderías que superan las necesidades corrientes y previsibles, esto no es
riqueza. Es demencia.
Este no es el punto de vista de la Torá. Los valores de la Torá no están
sujetos a la opinión de la mayoría, sino que son absolutos, universales y
eternos.
El benei Yisrael (hijo de Israel) que adopta el principio de la Torá de que la
verdadera riqueza consiste en estar satisfecho con lo que uno tiene, no es
presa de la desolación que produce la pérdida de bienes físicos. Sus
necesidades están determinadas por lo que se requiere para cumplir la Voluntad de
Yahweh, y su sentimiento de valorización al esforzarse por cumplirla hará
innecesaria la búsqueda de riquezas.
Un verdadero seguidor de Torá sabe hasta dónde puede llegar, y ha sido enseñado
a ofrecer su ayuda a quienes realmente lo necesitan, no deja a nadie atrás, y
COMPARTE con los necesitados, aprovechando cualquier oportunidad para demostrar
que lo que a aprendido LO PONE EN PRACTICA.
La redención de nuestra vida entera se puede lograr incluso en los últimos
momentos; un sincero reconocimiento de que uno ha vivido en el error, un
auténtico arrepentimiento (Teshuvá) y una apreciación de la Verdad pueden
redimir toda nuestra existencia.
Mirar hacia atrás y descubrir que los años y las energías han sido totalmente
desperdiciados puede, realmente, ser devastador para la autoestima, puesto que
una persona es propensa a desesperarse de sí misma como si fuera un fracaso
total. Esto no ocurre en la halajá (enseñanza) de la Torá, en la cual no existe
el concepto de desesperación. Un breve momento de teshuvá puede redimir toda
una vida.
Kajal Yisraelí de Yahshua Shiló
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