BLOG DE ESTUDIOS DE HA TORAH

"Somos el remanente de Yisrael Fiel y Obediente y un Pueblo llamado, apartado para ser salvados a través del Mashiaj Legítimo, Yahshua Shiló" Bereshit 49:10

1/2/14

CONOCIENDO A MIRIAM LA MADRE DE YAHSHUA


A diferencia de su esposo Yosef, tenemos bastante información sobre esta mujer enigmática. Pero tristemente, cuando estudiamos la historia de Miriam, a menudo es difícil separar la verdad de la ficción. En este estudio esperamos analizar cuidadosamente las varias enseñanzas y tradiciones que se han dicho respecto a su vida, trataremos de desenmascarar el mito y quizás finalmente conoceremos la realidad.
Es muy lamentable que gran parte de la enseñanza escritural sobre Miriam haya sido divorciada de su correspondiente contexto histórico, cultural y bíblico, creando una imagen "divina" de ella y robándole su humanidad, que fue esencial para que Yahweh pudiera lograr Sus propósitos por medio de ella. Tanto Miriam como su hijo Yahshua  han sido distanciados de su judaísmo, produciendo de una "Iglesia" sin raíces que ha maltratado al pueblo judío por casi dos milenios. Dejando la doctrina escritural a un lado, si hemos de comprender a Miriam y su lugar en los planes de Yahweh, debemos comenzar con un fundamento bíblico y una comprensión genuina del mundo hebraico en el cual ella vivía.
Con ella, se han ido a dos vertientes peligrosas, una de ella es LA DIVINIDAD QUE LE HAN DADO los catolicos y Ortodoxos y por otra la negacion o casi exclusion del evangelismo que la ha relegado a un lugar de sombras o es tabú para ellos.
Una Posición Respetada
Para visualizar cómo era la vida diaria de Miriam, debemos primero aclarar algo respecto a la posición de la mujer dentro del judaísmo tradicional. Esa posición no era tan mala como muchos usualmente la imaginan. De hecho, en muchas maneras, la posición de la mujer dentro de la Torah durante tiempos bíblicos era mejor que la de la mujer bajo la ley civil norteamericana durante el siglo pasado. Esas antiguas mujeres tenían el derecho de comprar, vender, poseer propiedades y realizar contratos legales, lo que no tenían las mujeres en países occidentales hasta principios o mediados del siglo 20.
Desde tiempos bíblicos, muchas mujeres israelitas se ubicaban al mismo nivel de su contraparte masculina en situaciones de fiesta o hambruna, paz o guerra, tranquilidad o persecución. Miriam (la hermana de Moshe), por ejemplo, es reconocida como co-libertadora de su hermano Moshé.. Rut, aunque fue una simple conversa al Elohe de Israel, es una de las personas más respetadas en toda la Escritura. Siete de los 55 navi/profetas bíblicos eran mujeres, y una de ellas, Hulda, jugó un papel muy excepcional en la historia judía (2 Reyes 22:14 en adelante). Débora fue una sabia jueza, valiente líder y feroz defensora de Israel (Jueces 4-5). Sus ejemplos nos honran.
La tradición judía siempre ha otorgado respeto a la mujer como parte de su cultura étnica. El judaísmo enseña que ambos hombre y mujer fueron creados a la imagen de Elohe. Por lo tanto, las mujeres deberían ser tratadas como iguales. Aunque Adán fue creado primero, no hay indicación en la Torá de que por ser primero fuese mejor. Las obligaciones y responsabilidades eran diferentes, pero no menos importantes. Incluso, en algunas instancias, el impacto de las mujeres era de mayor magnitud en la comunidad que el de los hombres.
Guardadoras del Hogar
Las mujeres eran vistas como guardadoras del hogar y de suprema importancia en la familia judía, rol que nunca debe ser subestimado. Desde tiempos más remotos, el hogar fue visto como centro de la vida comunitaria. Fue reconocido como la piedra fundamental de la sociedad y, por lo tanto, la crianza de los niños como miembros de la comunidad representaba la suprema responsabilidad en su pacto con Elohe. La Torá y los maestros de Israel aclaran que Elohe quería que el hogar fuese un lugar de ahavah y tranquilidad  (shalom), donde los hijos pudieran aprender a conocerlo y amarlo. La santidad del hogar nunca debería profanarse con violencia, impaciencia, hipocresía ni falta de respeto.
Debido a ese énfasis en la santidad del hogar, el pueblo israelita pudo moverse con relativa facilidad desde el Templo hasta el mikdash me'at ("pequeño santuario") luego de que fuera destruido en 70 d.C. y el pueblo dispersado a través de todo el mundo. Los ritos de adoración en el Templo, que de otra manera hubieran desaparecido, se trasladaron al hogar. El hogar, por lo tanto, llegó a ser reverenciado por el pueblo de Elohe y reconocido como el pegamento que mantenía unido al pueblo, a pesar de estar disperso.
La tefilat/oración, el estudio de la Torá y el cuidado de las necesidades comunitarias, que siempre fueron parte de la vida familiar israelita, luego se convirtieron en responsabilidad única del hogar. La mesa de comer tomó el lugar del altar. Aunque nunca se había visto como un simple mobiliario de comer, sino como también un instrumento espiritual dedicado al servicio de Elohe, la mesa como "altar sagrado" tomó mayor significado aún. Allí cantaban alabanzas, el padre instruía a la familia con palabras de la Torá, celebraban las Moedim Escriturales (las 7 fiestas de Yahweh y los shabbat)y se inculcaban los valores principales del ahavah de Elohe y el respecto hacia los semejantes.
Aunque Miriam probablemente no vivió para ver la destrucción del Templo, ni los cambios consecuentes dentro del judaísmo que reinaba en Israel en la epoca de ellos, su vida como mujer y madre dentro del hogar compartido con Yosef y su familia debió haber aportado a la transición de la adoración desde el Templo hasta el hogar.
Colaboradoras Espirituales
La sinagoga era parte integral de la vida israelita varios siglos antes de que Miriam llegase a ser guardadora espiritual de su hogar. Tradicionalmente, ese papel ha sido visto como responsabilidad del hombre, y algunos han enseñado equivocadamente que la mujer no podía participar en ese rol, ni era permitida realizar ciertas tareas de la ley, o mitzvot, requeridas de los hombres.(Eso esta especificado en todos los mitzvot que coresponden a las mujeres solteras, casadas o viudas dentro de la Torah)
La verdad, sin embargo, es todo lo opuesto, y el principio Escritural que lo fundamenta se encuentra en la historia de la creación en bereshit 2. Aquí vemos que Yahweh removió un "costado" de Adán y "formó" a Eva. La palabra hebrea baná significa "construir." Yahweh tomó el lado femenino de Adán para "construir" a Eva. Esa palabra proviene de la raíz biná, que se refiere a la inteligencia y el conocimiento intuitivo de Elohe. En otras palabras, eruditos judíos dicen que la mujer recibió una medida adicional de biná, y que la Torá ilustra a la mujer como superior al hombre en el mundo espiritual, con mayor fe y poder de discernimiento que su compañero masculino. Como resultado, es necesario que los hombres participen en ciertas actividades, mientras que las mujeres son eximidas de ello, pero no excluidas. Los hombres tienen que hacerlo, pero las mujeres sólo lo hacen cuando deseen hacerlo.
Sara, Rebeca, Raquel y Lea fueron superiores a los patriarcas en aspectos de la profecía y el entendimiento espiritual. Sus acciones fueron a veces poco convencionales, pero siempre fueron impulsadas por la biná, y de esa manera fueron instrumentales en la formación de la nación israelita. Más aún, ellos dicen que las mujeres no participaron en la idolatría del becerro de oro, y tuvieron que ser obligadas a contribuir su oro para la elaboración del ídolo (ver Shemot 32:2).
Estudiantes de la Torá
Por lo tanto, vemos que el mundo en que vivió Miriam no era tan hostil hacia las mujeres como algunos lo han sugerido. Recientes estudios indican que las niñas durante tiempos del segundo Templo también podrían haber aprendido a leer y escribir, y posiblemente hasta estudiar la Torá. Inclusive, citando a las hijas de Zelofehad como ejemplos de mujeres que eran muy versadas en la Ley. En Bemidbar 27, esas mujeres se acercaron a Moshé en la entrada del Tabernáculo donde se reunía con los ancianos de las tribus para enseñar al pueblo y juzgar las disputas. Ellas defendieron allí el caso de herencia para las mujeres. Luego de presentarlo delante de Yahweh, Moshé declaró que ellas tenían razón en lo que decían, y su petición no sólo les fue otorgada, sino que también el dictamen se convirtió en parte de la mitzvot que gobernaría al pueblo de Israel de allí en adelante.
Esta es una de las dos ocasiones en la historia de la Torá que una mitzvá se dictamina por medio de alguien aparte de Moshé. A consecuencia, esas ajotis son consideradas como las mujeres más sabias y justas de toda la Escritura.
Si Miriam llegase a estudiar la Torá, no lo sabemos,(me refiero a que no hay base escritural pero eso no quiere decir que no lo hiciera) pero de seguro ella pasaría sus primeros años aprendiendo de su madre, y quizás también de su abuela. Aprendería cómo vivir según el Pacto de su pueblo hecho con el Elohe de Avraham, Yisaac y Yacob, relación que era tan importante para ella como para cualquier persona entre los Benei yisrael/Hijos de Israel. Ciertamente su respuesta a Elizabet en Lucas 1:46-55 revela el corazón de una verdadera talmid, reflejando las palabras de Moshé  y Dawid que la precedieron.
María, la Niña
De seguro, sabemos que Miriam fue entrenada en los quehaceres del hogar, y reconocería que su influencia familiar tendría implicaciones eternas para la relación de todo el pueblo israelita con su Elohe. Aunque la vida para una mujer del 1er siglo era físicamente difícil en muchas maneras, la historia nos dice que ese era un pueblo de alegría y entusiasmo, y que la vida de Miriam debió estar repleta de risa y ahavah. Su respuesta al malaj Gabriel refleja una joven, quizás de 13 años, quien estaba muy familiarizada con su Elohe y acostumbrada a ser obediente y fiel.
En la comunidad israelita del 1er siglo, la belleza física era tan importante para las jóvenes como en la actualidad. Sin embargo, a diferencia del énfasis en la simple apariencia externa, la verdadera belleza estaba intrínsecamente relacionada con la mujer interna. Miriam sabría que era imposible ser verdaderamente atractiva sin un corazón puro y una shalom interior que proviene de la cercanía con Elohe.
La arqueología nos demuestra que la mujer en aquellos tiempos trataba de mejorar el aspecto físico que Elohe le había dado. La belleza era importante aún para la menos adinerada. Excavaciones por todo Israel han revelado muchos artículos cosméticos, como sombra para los ojos, cajitas de talco y envases de perfume. Peinetas talladas y redecillas decorativas también eran comunes, y las mujeres de ese período son muy famosas por su amor a las prendas. Miriam debió haber servido a Yahweh Elohe con gozo, y una de sus metas en la vida debió ser una mujer según Mishlé 31. Desearía tener belleza tanto interna como externa para cuando se encontrara al hombre que Yahweh le había escogido como compañero vitalicio. La conexión de Miriam con su comunidad también debió ser fuerte, reconociendo que sus acciones como mujer, esposa y madre no eran asuntos privados. La comunidad ejercería gran control sobre ella, pero a la vez, ella dependería de la comunidad para su apoyo, sostén y bendición. Marvin Wilson, en su libro Our Father Abraham [Nuestro Padre Abraham], señala que esa relación es recalcada por medio de la palabra mishpajá. Dicha palabra implica la familia extendida, a menudo incluyendo abuelos, tías, tíos, primos y más. La fuerza y el ánimo recibido por parte de la mishpajá y la comunidad extendida era una de las características que aportaban a la sobrevivencia judía.
Quienes educaron a Miriam tendrían que asegurar que ella comprendía que el matrimonio y la relación sexual eran dádivas buenas de Elohe. La Torá enseña que Yahweh creó al hombre y la mujer a Su imagen, y declara que todo lo que hizo era "muy bueno." Miriam aprendería que el matrimonio es tan importante que aún sobrepasa el estudio de la Torá, incluso para el joven esposo.
Miriam, la Novia
A través de las generaciones, han habido especulaciones sobre si Miriam y Yosef realmente hubiesen tenido una celebración de boda; y si lo tuvieron, ¿cuándo fue? Es importante comprender que en ese tiempo, el matrimonio israelita ocurría en dos etapas. La primera, llamada kidushin, consistía en el momento del compromiso. En ese evento se debieron haber reunido las amistades y los vecinos para ser testigos de cuando Yosef iría a donde el padre de Miriam para formalizar el compromiso, y la pareja luego lo sellaría. De allí en adelante, la pareja se consideraría casada en el sentido ritual, y se llamarían esposo y esposa. Esa etapa requería absoluta fidelidad, y sólo se podría disolver dicho acuerdo por medio de un divorcio legal.
La segunda etapa, llamada nisuin, era acompañada por una celebración de una semana de duración, y el matrimonio se consumaba en una habitación especial del novio a donde éste llevaba a su novia, conocida como jupá en antiguo hebreo. Aunque a menudo esa reunión implicaba la consumación física, sólo era requerido que ellos estuviesen "a solas" un rato. Ya que las leyes del kidushin (compromiso) evitaban que la pareja estuviese totalmente a solas sin por lo menos un chaperón, este primer encuentro era algo muy importante. Una vez que se terminaba el proceso de la segunda etapa, la pareja quedaba totalmente casada y responsable delante del estado, incluyendo en su cumplimiento de las regulaciones gubernamentales de distribución propietaria e impuestos.
Aunque algunas traducciones del Berit Kjdashá dicen que Miriam estaba "comprometida" con Yosef mientras se dirigían hacia Belén (Lucas 2:5), no es probable que ella lo hubiera acompañado si no estuviese totalmente casada con él. Ella no tendría la obligación de hacerlo, y dado su estado de embarazo tan adelantado, se hubiera preferido quedar atrás para dar a luz con la ayuda de su madre.
Probablemente, tan pronto el compromiso hubiese sido anunciado a la comunidad, Yosef regresaría a su hogar y comenzaría a hacer los preparativos para la boda a celebrarse el año siguiente. Prepararía sus terrenos para el cultivo, sembraría las semillas y construiría una habitación adicional a la casa de su padre para recibir a Miriam. Tendría que dedicar toda su atención de manera ordenada a satisfacer las necesidades de su nueva esposa.
Su entusiasmo para la boda se debió haber marchitado terriblemente cuando, durante ese tiempo de preparación, recibió la noticia del embarazo de Miriam. ¡Cuán devastador debió haber sido! Uno sólo puede imaginar la agonía del corazón de Yosef mientras buscaba el rostro de Yahweh Elohe para determinar qué medida tomar en tan desastrosa y horrenda situación. A la misma vez, cuán difícil sería para Miriam revelar ese potencialmente mortal secreto a Yosef. Ya que su compromiso era tan legal como el propio matrimonio, Yosef tenía pocas alternativas. Pero Yahweh le presentó a Yosef una alternativa para salvar la vida de Miriam y cambiar el futuro de la humanidad para siempre: "Yosef, hijo de Dawid, no temas recibir a Miriam tu mujer…" (MattiYah 1:20).
Como el Berit Kjdashá  no nos aclara nada al respecto, no tenemos seguridad sobre el tipo de boda que harían Miriam y Yosef, pero sí sabemos que la celebración nupcial involucraría a toda la comunidad. No se enviaban invitaciones individuales, sino que se consideraba casi una mitzvá, u obligación sagrada, que todo el pueblo asistiera a la boda. Todos tenían que comentar sobre la radiante belleza de la novia y añadir gozo a la fiesta.
Si la novia era muy pobre, y no podía comprar su ropa ni sufragar los gastos de la celebración, la comunidad tendría que suplir lo que ella necesitaba. No conocemos la situación financiera del padre de Miriam, pero sí sabemos que ella era parte de la vivaz comunidad israelita del 1er siglo que hubiera ayudado a la nueva familia en su boda.
Mientras Yosef se dedicaba a los preparativos para recibir a su novia, Miriam esperaría por él con paciencia. Ella tendría que preparar su vestido de boda, y las damas solteras la atenderían, incluso tendrían preparadas las lámparas para recibir al novio, si éste llegase de noche. Por fin, el padre de Yosef supervisaría la obra de su hijo, y le daría el visto bueno para buscar a su novia en casa de sus padres.
Miriam y las vírgenes escucharían el sonido de Yosef y la procesión mientras se acercaban por la calle. Rápidamente Miriam se cubriría con su velo y sería escoltada hasta la calle para encontrarse con su novio. En medio de mucha risa y algarabía, la compañía se dirigiría a la casa de Yosef, donde ya la fiesta estaría en progreso. Luego de su tiempo a solas, Miriam y Yosef se unirían a la celebración, y por siete días compartirían su alegría con la mishpajá (toda la familia). Solamente en el silencio de la noche, Miriam tendría la oportunidad de compartir con Yosef el increíble mensaje que le dio el malaj, preguntándose con asombro lo que significaría eso para sus vidas.
Miriam, la mujer israelita
Pero, ¿y qué de la persona de Miriam como mujer? La Escritura nos dice muy poco sobre su vida personal, y nos preguntamos sobre esta joven que fue seleccionada para dar a luz a Yahshúa, un milagro y privilegio que ninguna otra persona en la humanidad hubiese experimentado. Ella misma admite no haberlo comprendido, pero con gran humildad de corazón lo aceptó y adoró a Yahweh Elohe. "Aquí tienes a la sierva de Yahweh; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1:38). Miriam fue ejemplo vivo de una plena obediencia, obviamente viviendo para complacer a Yahweh Elohe y no a sí misma. Su rasgo distintivo fue su fe inquebrantable en el Elohe de Israel, Yahweh.
Miriam también fue una mujer de gran valentía. Ella enfrentó pruebas y peligros como nadie antes o después de ella. Su inesperado embarazo le pudo haber provocado la muerte, mientras que el tener que explicar este sorpresivo asunto a Yosef y a sus padres tiene que haber sido terriblemente intimidante. Ciertamente ellos estarían incrédulos y se sentirían muy decepcionados con ella. Aún cuando ella revelaría la verdad a Yosef, el pasuk escritural no nos dice si otras personas de su comunidad lo aceptarían o no. Quizás la joven pareja tuvo que soportar el chisme y juiciosas miradas de quienes no eran convencidos de su fidelidad. El viaje de cinco a seis días desde Nazaret a Belén cuando estaba a punto de parir también requeriría de enorme valentía, como también el propio parto lejos de su casa y de su familia extendida. Poco después de ser madre por primera vez, huyeron a Mitzrayim/Egipto, y se encontró como refugiada política en un país extranjero, nuevamente requiriendo de enorme valentía y fe.
Yo me imagino que Yahweh Elohe escogería a Miriam porque era una persona de extraordinaria fuerza y obediencia, una mujer que podría soportar el enorme sufrimiento de ser madre del mashiaj, según creemos los israelitas nazarenos. Ella lo criaría en los caminos de la Torá, lo amaría como toda madre israelita ama apasionadamente a sus hijos, le enseñaría a vivir según el pacto con yahweh Elohe, y lo animaría a vivir como miembro de la mishpajá israelita. Y a medida que "Yahshua crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Elohe y los hombres" (Luc. 2:52), continuaría cumpliendo su rol tan crítico.
Ella se mantuvo junto a su hijo a través de toda Su vida, y también luego de Su muerte y resurrección. Ella estuvo con Sus talmidim en el Aposento cuando experimentaron el próximo gran don de Yahweh a Su nuevo cuerpo de creyentes. A lo largo de Su vida, ella disfrutó la hermosa alegría de ser madre, pero también soportó inimaginable dolor al ver que su hijo era odiado, injuriado y crucificado. Sólo una convicción personal en la justicia de Yahweh y en Su ahavah por Su pueblo podría haber sido traducida en obediencia inquebrantable y en la fuerza que dominó a esta asombrosa mujer.
Amados ajim, no olvidemos jamas el papel tan importante de Miriam, no la arrinconemos a un lado olvidando su ejemplo de vida y servicio y entrega a Yahweh y no olvidemos que como madre de nuestro mashiaj, ella lo cuido, amo, y estuvo a su lado en todo instante de dolor y sufrimiento.
A la memoria de Miriam................

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todah rabah por su comentario.