(SE USAN PALABRAS COMPRENSIBLES PARA LOS CRISTIANOS)
No hay lugar a dudas en que la figura
que más se destaca después de Yahshúa Hamashíaj (el Mesías) en el Pacto
Renovado -mal llamado Nuevo Testamento- es la persona del Rabino Shaul,
conocido en el cristianismo como el Apóstol Pablo (del latín Paulus).
Esto es no sólo por sus enseñanzas sino por toda la polémica que
levantan tanto sus detractores como sus defensores.
El judaísmo tradicional lo tiene como un
traidor por levantar una religión nueva juntamente con “Cristo”. Por
otro lado, el Cristianismo lo tiene como el libertador de la ley (Torá) y
como el más grande evangelista de todos los Apóstoles. Además hay otros
que también opinan lo suyo, tales cosas como que era turco, mujeriego y
otras cosas por el estilo. Como podemos ver, hay para todos los gustos y
conforme a cada apreciación son también los libros que se han escrito
respecto a él.
Personalmente creo que el mejor y más
fiable de todos los documentos que tenemos hasta el momento, que data su
historia y su forma de vivir, es la obra Maasé Shelijim (Hechos de los
Apóstoles) como también sus propios escritos (cartas) del Brit Hajadashá
(Pacto Renovado). A continuación veremos lo que las propias Escrituras
opinan de él y cómo nos señalan en forma clara, que el shalíaj (apóstol,
enviado) nunca se desentendió de su judaísmo ni de su cultura hebrea.
HECHOS ES MAASER
Si bien su nacimiento fue en Tarso, Cilicia, fue criado en la capital del Reino de Israel (Hch. 22:3),
en Yerushalaim (Jerusalén), ciudad en donde residió la mayor parte de
su vida. Se consideró a sí mismo hasta el final de sus días como un
hebreo, un israelita (2ª Cor. 11:22) y como un descendiente de Abraham, específicamente de la tribu de Benyamin (Fili. 3:4-5).
Estudió en una de las escuelas judías
fariseas más ponderadas de su tiempo (Hch. 22:3) a los pies de Gamaliel,
un gran rabino muy respetado por el Sanedrín (Hch. 5:34),
quien era nieto del rabino Hilel. Siempre estimándose así mismo como un
celoso de la Torá y de Elohim (Hech 22:3) y un estricto guardador de
los mandamientos (Fili 3:6) .
Como consecuencia de todo lo anterior, era un entendido en el hebreo,
la lengua santa, y alguien que lo dominaba perfectamente en sus sermones
(Hech. 21:40-22:2) . Por dicha razón, en su encuentro con el Mashíaj (Hch. 26:12-15), Yahshúa le habla en lengua hebrea.
Nunca estuvo en contra de la
circuncisión como se ha hecho creer, sino que le daba a ésta el lugar
que le correspondía. De lo contrario no hubiese circuncidado a su
discípulo Timoteo (Hch. 16:3) ,
haciéndolo infringir con ello “la nueva ley de la no-circuncisión”.
Además de ello, se nos ha hecho creer que iba a predicar expresamente a
los gentiles, siendo que durante todos sus viajes, siempre enseñó
primeramente al judío (Hch. 13:5, 13:14, 13:51-14:1, 17:1-2, 18:19) ,
dándoles con ello prioridad en sus viajes. El judío siempre tuvo un
lugar muy importante en los viajes de Rav Shaul, es debido a ello que
pasó tanto tiempo enseñándoles (Hch. 18:5, 19:8) acerca de que Yahshúa era el verdadero Mashíaj.
No sólo en su propia opinión era un
estricto observante de los mitzvot (mandamientos) de la Torá, sino la
Escritura efectivamente da testimonio de ello. Comenzando con su cabal
observancia del mandamiento del día de Shabat como el día de
reposo declarado por Yahweh(Hch. 17:2, 18:4) y de ningún otro día como otros han hecho creer durante tantos siglos.
Guardaba fielmente las Mikré Kodesh (santas convocaciones – fiestas
solemnes) de la Torá establecidas en Vayigrá/Levítico 23. Entre ellas, celebraba
las fiestas de Jag Hamatzot (Hch. 20:6) , traducida como Panes sin levaduras, de Shavuot (Hech. 20:16) , comúnmente conocida como Pentecostés, y de Yom Kipur (Hch. 27:9) , llamada el Día de la Expiación.
Realizaba votos (Hch. 18:18) conforme a los descritos en nuestra sagrada Torá. Subía a Yerushalaim
(Jerusalén) para adorar, ofrecer sacrificios y a realizar baños de
purificación conforme estaba establecido en la Ley de Moshé (Hch. 21:26).
Nunca dejó de ser fariseo (Hch. 23:6, 26:5, Fili. 3:5) . Predicaba la esperanza de la promesa (Hch. 23:6-8, 28:20) ,
término judío para referirse al advenimiento del Mashíaj y con él, el
cumplimiento de todos los pactos establecidos con los Patriarcas
(Abraham, Itzják y Ya’akov). En fin, nunca hizo nada en contra de la
Torá y de las costumbres de los Padres (Hch. 28.17-21).
Este es el testimonio que las Santas
Escrituras dan respecto de este Ish tzadik (hombre justo) tan mal
interpretado y desacreditado por las mentes reprobadas, lo cual no es
nuevo pues tenemos el testimonio del propio shaliaj Kefas (apóstol
Pedro) que nos documenta en 2ª Pe. 3:15-16 , cómo ya en ese tiempo sus enseñanzas eran torcidas.
Como podemos ver este varón nunca se
apartó de sus creencias y de su tradición, ni tampoco enseñó otra
religión nueva como se nos hizo creer por tanto tiempo sino que vivió en
la más rica herencia hebrea dada por el Eterno a su pueblo Israel. En
base a todo lo anterior, está más que claro que Rav Shaul era un
verdadero hebreo de cepa.
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