BLOG DE ESTUDIOS DE HA TORAH

"Somos el remanente de Yisrael Fiel y Obediente y un Pueblo llamado, apartado para ser salvados a través del Mashiaj Legítimo, Yahshua Shiló" Bereshit 49:10

18/4/15

PRECEPTOS DADOS A NOAJ Y TRASMISION DE LAS LEYES

SEFER DE LOS JUBILEOS
PRECEPTOS DE NOAJ

En el jubileo vigésimo octavo, Noaj comenzó a dar a los benei/hijos de sus benei/hijos normas y mitzvot y toda la legislación que conocía, exhortando a sus benei/hijos a hacer justicia, cubrir las vergüenzas de su carne, bendecir a su Creador, honrar padre y madre, amarse unos a otros y preservarse de fornicación, impureza y toda iniquidad.
Por estas tres causas ha ocurrido el diluvio sobre la tierra, por la fornicación que cometieron los custodios con las hijas de los hombres, contra lo que se les había ordenado. Tomaron por mujeres a cuantas escogieron entre ellas, cometiendo la primera impureza,  y tuvieron hijos gigantes, todos ellos descomunales, que se devoraban unos a otros: un titán mataba a un gigante, un gigante mataba a un jayán, éste al género humano, y los hombres, unos a otros. Todos pasaron a cometer iniquidad y derramar mucha sangre, llenándose la tierra de maldad. Luego pecaron con todas las bestias, aves, reptiles y sabandijas, derramándose mucha sangre sobre la tierra, pues el pensamiento y la voluntad de los hombres concebían error y maldad constantemente. Y Yahweh destruyó todo de la faz de la tierra a causa de sus malas acciones y por la sangre derramada en ella,  y quedamos nosotros, mis beni/hijos, yo y cuantos entraron con nosotros en el arca. Mas he aquí que veo ante mí vuestras acciones, que no os conducís justamente, pues habéis comenzado a seguir camino de corrupción, apartándoos uno del otro teniendo celos mutuos, y que no vais a estar juntos, benei/hijos míos, cada uno con su aji/hermano. Veo que los demonios han comenzado a seduciros, a vosotros y a vuestros benei/hijos, y temo por vosotros que, tras mi muerte, derraméis sangre
humana en la tierra y desaparezcáis también de su faz.  Pues todo el que derrame sangre de cualquier hombre y todo el que coma sangre de cualquier carne, desaparecerá de la tierra. No quedará ningún hombre que coma sangre o la derrame sobre la tierra, ni permanecerá su descendencia y posteridad viva bajo el shemayim, sino que irá al sheol y bajará al lugar del olvido; a la tiniebla del abismo serán relegados todos con mala muerte. No aparezca sobre vosotros nada de sangre en el día que degolléis cualquier bestia, animal o volátil sobre la tierra; haced expiación por vuestro ruaj/espíritu cubriendo la sangre derramada sobre la faz de la tierra. No seáis como los que comen con sangre; evitad que se coma sangre en vuestra presencia. Cubrid la sangre, pues así me ha sido ordenado exhortaros, a vosotros, a vuestros benei/hijos y a todos los hombres. No comáis el ruaj/espíritu con la carne, no sea que sea reclamada la sangre de vuestra vida y la derrame cualquier ser carnal sobre la tierra. La tierra no se ha de purificar de la sangre que se derrame sobre ella; sólo se purificará para siempre con la sangre del que la derramó.
Así, pues, benei/hijos míos, oíd y cumplid la ley y la justicia, para que con justicia seáis implantados en toda la tierra y se eleve vuestra gloria ante mi Elohe Yahweh, que me salvó de las aguas del diluvio. Os iréis y construiréis ciudades, y en ellas cultivaréis toda clase de plantas sobre la tierra y árboles frutales. Los tres primeros años será tal el fruto, que no se cosechará nada comestible. En el cuarto será sagrado el fruto y ofreceréis sus primicias, agradables a Yahweh Elohe Altísimo, que creó los shemayim, la tierra y todo. Haréis igualmente ofrenda generosa de las primicias de la uva y el olivo, que se recibirán en el altar de Yahweh Elohe. El resto de lo que se reciba, cómanlo los servidores del templo de Elohe ante el altar. En el quinto año, permitidlo en justicia y rectitud, siendo vosotros justos y recto todo vuestro cultivo. Así lo ordenó Henoc, su padre, a nuestro padre Matusalén, su ben/hijo, y éste al suyo, Lamec, quien me transmitió cuanto a su vez le ordenaron sus padres. Y yo os ordeno, benei/hijos míos, como ordenó Henoc a su ben/hijo en los primeros jubileos, cuando él vivía en la séptima generación: ordenó y exhortó a su ben/hijo y a los benei/hijos de sus benei/hijos hasta el día de su muerte.

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